Te digo la verdad: comienzo a escribir(te), casi siempre, como si fuera, esto, una carta. Dirigida a quien sea. Que importa; supongo que lo que sí importa es el hecho mismo de escribir(te), que es un ejercicio que siempre me gusta aunque puedo admitir que suelo evadirlo con regularidad (y que justamente si (te) escribo y (te) confieso esto es precisamente porque llevo bastante tiempo evadiéndolo). ¿Por qué? Bueno. Digamos que después de leer a Freud durante un año: y conocer al genio, al filosofo, al psicólogo; después de verlo en pequeños lapsus alucinógenos en las mañanas, después de conversar largo y tendido con él en mis sueños, después de imaginar su mirada incisiva y obstinada a través de sus espejuelos; en fin, que después de Freud (con todas sus implicaciones y sus presencias en mi cotidianidad) escribir cuesta más trabajo. El ejercicio, antes placentero, de escribir(te) se convierte en un juego morboso, en una sesión psicoanalítica; de pronto comienzan a aparecer viejos fantasmas, viejas nostalgias, recuerdos inertes que recuperan la vitalidad que, en realidad, nunca perdieron. No quiero seguir elaborando las razones que me han mantenido alejado de la escritura por tanto tiempo, pero queda claro que escribir ahora: desde este escritorio de oficina, desde este verano invernal (Londres, 2009), desde la lluvia a través de los cristales (esta frase me recuerda un poema de Antonio Machado que solía leer a los dieciséis años), desde mis manos cansadas de hacer nada, desde la fugacidad de este tiempo que se consume a palabras, desde el torrente de imágenes que en resumidas cuentas evoca el acto de escribir(te): queda muy claro que escribir no es lo que era.
Te preguntarás: como estoy, donde he estado, con quien he estado, que he hecho, por que no te había escrito en tanto tiempo. Sin saberlo, muy ingenuamente, pensaras en toda clase de verbos para conjugarlos al pasado y con ellos tratar de crearte una imagen, digamos, coherente de lo que ha sido mi vida hasta ahora, que decido escribirte. Y pensarás: jugar, correr, comer, fornicar, fumar, reír, acariciar, viajar, volar, nadar, cagar, (incluso) escribir. Luego vendrán los verbos reflexivos: vestirse, levantarse, saludarse, besarse (puedo imaginar tu nerviosismo), abrazarse, acariciarse. Cuando piensas en este tipo de verbo, los reflexivos, se que desvanece la sonrisa inicial que llevabas puesta en los labios al recibir mi carta. Muy normal: todos sabemos que los verbos reflexivos, sin contexto particular, suelen ser extremadamente ambiguos y se prestan para las más interesantes elucubraciones; como agravante, tú sabes muy bien que aun me deseas erótica y emocionalmente y que el reflejo de estos verbos tú te lo imaginas cayendo en otra persona, alguien sin rostro, pero ciertamente con un cuerpo muy superior al tuyo (que de todos modos me sigue gustando y provocando erecciones, sudores y todo tipo de nostalgias)(ahora que lo pienso bien, en otro momento te podría enumerar todas las canciones que me hacen recordarte desnuda, tendida sobre mis brazos). Sí: me parece que esta carta despertará mi recuerdo, ese otro yo (favorito) que vive entre tus dos cejas (muy pobladas), entre tu frente y tu nuca. Tampoco puedo negarte que es eso un poco lo que quiero: aturdirte, que de pronto digas: “puñeta: ¿por que me escribe ahora este cabrón?”. Y como supuse antes, se que cuando recibiste la carta sonreíste (más que por lo que escribía, por la sorpresa de ver mi nombre en el remitente del sobre y por leer ese primer párrafo que seguramente despertó la voz mía que te has creado en tu cabecita, a fuerza de soledades, distancia y ausencias), pero que ya en este segundo párrafo tu semblante es muy serio, hasta rígido. Hasta me atrevería a decir que en algún momento, que entre alguna inocente combinación de palabras, llorarás: que se deslizarán algunas lágrimas por tus mejillas y yo (ni nadie) estará cerca de ti para secártelas.
viernes, 17 de julio de 2009
sábado, 4 de abril de 2009
Harry's back!
Despue de haber estado un tiempo....
en la soledad de las erecciones en las mañanas desoladas
en el amor y los largos besos que duran muy poco
entre las piernas del infinito
buscando la verdad (aletheia), para recordarla,
en las nostalgias irascibles,
jugando con los fantastmas.
Luego de haber perdido las manos
y recuperarlas,
luego de haber sido un portavoz itinerante de la banalidad en la India,
luego de nadar desnudo unos cuantos mares,
luego de degustar los sabores agridulces de la distancia:
decidi regresar un dia
de esos que comienzan indistintamente,
monotonos, cargados de rutinas.
Despues de tus cabellos negros,
clichosamente mis noches favoritas;
despues del accidente de tenerte temblando en mis manos;
despues del torrente uniforme del sudor de tu frente en mi mano;
despues de las palabras;
despues de tu cintura,
ese anexo de fuego en tu cuerpo;
despues de tus edades siderales;
despues de haber trazado en mi memoria tu cuerpo;
despues de despertar;
despues de entender que despues no estaras, aqui, a mi lado
(donde acaso nunca estuviste);
despues de todos estos despues-es;
despues del intento de la poesia... de mi poesia...
despues de una serie prolongada de puntos suspensivos:
regreso, regrese...
pero igual, las palabras se predisponen al silencio:
y despues del silencio que?
en la soledad de las erecciones en las mañanas desoladas
en el amor y los largos besos que duran muy poco
entre las piernas del infinito
buscando la verdad (aletheia), para recordarla,
en las nostalgias irascibles,
jugando con los fantastmas.
Luego de haber perdido las manos
y recuperarlas,
luego de haber sido un portavoz itinerante de la banalidad en la India,
luego de nadar desnudo unos cuantos mares,
luego de degustar los sabores agridulces de la distancia:
decidi regresar un dia
de esos que comienzan indistintamente,
monotonos, cargados de rutinas.
Despues de tus cabellos negros,
clichosamente mis noches favoritas;
despues del accidente de tenerte temblando en mis manos;
despues del torrente uniforme del sudor de tu frente en mi mano;
despues de las palabras;
despues de tu cintura,
ese anexo de fuego en tu cuerpo;
despues de tus edades siderales;
despues de haber trazado en mi memoria tu cuerpo;
despues de despertar;
despues de entender que despues no estaras, aqui, a mi lado
(donde acaso nunca estuviste);
despues de todos estos despues-es;
despues del intento de la poesia... de mi poesia...
despues de una serie prolongada de puntos suspensivos:
regreso, regrese...
pero igual, las palabras se predisponen al silencio:
y despues del silencio que?
jueves, 8 de mayo de 2008
Pornografia: una minima justificacion...
Así, por decir algo estúpido e insignificante, banal y mundano… les cuento: hoy vi pornografía, y hace bastante tiempo que no recurría a ese … esa… no sé como decirlo, ¿placer? Bueno, da igual. Vi pornografía: tetas gigantes, vaginas lampiñas, abdómenes bronceados y uniformes: todas esas perfecciones aburridas interactuando, precipitando erecciones insípidas y aburridas que surgen de improvisto entre las piernas, si bien no insípidas, aburridas también.
Eso era todo, y quizás si no escribía hace tanto es porque he estado últimamente demasiado tiempo con las piernas aburridas, sin dinero, en este ominoso apartamentito…
Eso era todo, y quizás si no escribía hace tanto es porque he estado últimamente demasiado tiempo con las piernas aburridas, sin dinero, en este ominoso apartamentito…
martes, 18 de marzo de 2008
Otro poema... y una estupida reflexion sobre los intelectuales...
No tuve tiempo de corregirlo ortograficamente ni de volver sobre él, sobre su coherencia. Pero no quiero justificarme, ni parecer que lo hago. A veces trato de ser un poeta: un gran poeta, un poeta miserable. Al final ni grande ni miserable: solo Harry. Y quizas los poetas solo son ellos mismos, sino son alguien mas... y creo que cuando son alguien mas.... se ven a sí mismo a traves del cristal... en la contínua tertulia cotidiana.... siendo lo que siempre quisieron ser: como un performance de intelectual, en ocasiones como un intento de humano. No sé, quizas ese simulacro es ser humano verdaderamente... y los intelectuales son lo unicos humanos en su humanidad plastica... y no son todos, solo algunos y empiezo a ser incoherente y creo que debo dejar de hablar de esto y voy poner mi cosita furtiva:
Deja que duerma la flor sobre tus mejillas...
y que se disparen, irremediablemente abismales, las alegrias
que antes fueron tan simples y necesarias.
Como el reflejo indistinto de un sol en cualquier cantidad de agua inmovil,
dejame descubrirte en los ojos tus palabras, tus palabras:
hastio de tu silencio prejuiciado,
tu silencio que se parece a la hojarasca del otoño:
de un otoño que no conozco
donde entre minimos colores, mil colores.
(Aca las estaciones pasan, siguen pasando, indiferentes: iguales)
Y cae la lluvia.
Suave, lenta, humeda y gigante sobre la noche descubierta
para verte a pocas luces
parada, tu siempre estatica, bajo las luces tenues que dibujan las aceras:
tu sombra parece, tambien, un silencio.
Tu sombra se parece a la sombra de los altos edificios, rasca-cielos literales,
que desconozco por igual.
(Aca, nada de rasca-cielos)
Por eso me pierdo en tu sombra
porque jamas logro verla toda, en toda su complejidad,
me faltan las imagines de tu reflejo oscuro,
de tu tras-noche inevitable.
Tu sombra es un edificio negro.
Pero la alegria mas hermosa, mas escencial, mas....
es cuando tu eres lluvia,
cuando no tienes sombra y eres sombra,
cuando el otoño es una realidad tacita en tu cuerpo desnudo,
cuando los edificios se derrumban y cantan,
cuando la alegria duerme en tus mejillas,
y tus mejillas son la alegria
y la alegria es una flor que duerme.
Deja que duerma la flor sobre tus mejillas...
y que se disparen, irremediablemente abismales, las alegrias
que antes fueron tan simples y necesarias.
Como el reflejo indistinto de un sol en cualquier cantidad de agua inmovil,
dejame descubrirte en los ojos tus palabras, tus palabras:
hastio de tu silencio prejuiciado,
tu silencio que se parece a la hojarasca del otoño:
de un otoño que no conozco
donde entre minimos colores, mil colores.
(Aca las estaciones pasan, siguen pasando, indiferentes: iguales)
Y cae la lluvia.
Suave, lenta, humeda y gigante sobre la noche descubierta
para verte a pocas luces
parada, tu siempre estatica, bajo las luces tenues que dibujan las aceras:
tu sombra parece, tambien, un silencio.
Tu sombra se parece a la sombra de los altos edificios, rasca-cielos literales,
que desconozco por igual.
(Aca, nada de rasca-cielos)
Por eso me pierdo en tu sombra
porque jamas logro verla toda, en toda su complejidad,
me faltan las imagines de tu reflejo oscuro,
de tu tras-noche inevitable.
Tu sombra es un edificio negro.
Pero la alegria mas hermosa, mas escencial, mas....
es cuando tu eres lluvia,
cuando no tienes sombra y eres sombra,
cuando el otoño es una realidad tacita en tu cuerpo desnudo,
cuando los edificios se derrumban y cantan,
cuando la alegria duerme en tus mejillas,
y tus mejillas son la alegria
y la alegria es una flor que duerme.
Madrugada... y otro Love Song...
Simplemente estoy aburrido... No tengo mucho que hacer: leo poesía. Aparece un poema desdeñado: A Negro Love Song. No es Langston; cabe señalar que cada vez que es de madrugada y estoy aburrido y no tengo nada que hacer y estoy frente a la computador y oigo a Miles, a Bill, a John, a Charles, a quien-sea... termino en Langston. Esta vez no, descubrí a Paul Laurence Dunbar (www.poets.org). Me parecio musical y me sentí por un momento como si estuviera entre un grupo de Negroes en el sur, quiza en una Iglesia Bautista del sur (para ser mas exactos)... donde todos, entre el sudor y las voces mas hermosas, cantaban: Jump back, honey, jump back. No sé, a uno le surgen estas imagenes extrañas en medio de la madrugada.
"Seen my lady home las' night,
Jump back, honey, jump back.
Hel' huh han' an' sque'z it tight,
Jump back, honey, jump back.
Hyeahd huh sigh a little sigh,
Seen a light gleam f'om huh eye,
An' a smile go flittin' by--
Jump back, honey, jump back.
Hyeahd de win' blow thoo de pine,
Jump back, honey, jump back,
Mockin'-bird was singin' fine,
Jump back, honey, jump back.
An' my hea't was beatin' so,
When I reached my lady's do',
Dat I couldn't ba' to go--
Jump back, honey, jump back.
Put my ahm aroun' huh wais',
Jump back, honey, jump back.
Raised huh lips an' took a tase,
Jump back, honey, jump back.
Love me, honey, love me true?
Love me well ez I love you?
An' she answe'd, "'Cose I do"--
Jump back, honey, jump back."
"Seen my lady home las' night,
Jump back, honey, jump back.
Hel' huh han' an' sque'z it tight,
Jump back, honey, jump back.
Hyeahd huh sigh a little sigh,
Seen a light gleam f'om huh eye,
An' a smile go flittin' by--
Jump back, honey, jump back.
Hyeahd de win' blow thoo de pine,
Jump back, honey, jump back,
Mockin'-bird was singin' fine,
Jump back, honey, jump back.
An' my hea't was beatin' so,
When I reached my lady's do',
Dat I couldn't ba' to go--
Jump back, honey, jump back.
Put my ahm aroun' huh wais',
Jump back, honey, jump back.
Raised huh lips an' took a tase,
Jump back, honey, jump back.
Love me, honey, love me true?
Love me well ez I love you?
An' she answe'd, "'Cose I do"--
Jump back, honey, jump back."
viernes, 7 de marzo de 2008
Pa' Andorra...
No voy a entrar en explicaciones que, por ahora, poco interesan. Pero hay alguien: alguien conmigo a veces imaginando la penumbra, alguien caminando bajo el sol del medio día, alguien bebiendo café y fumando cigarrillos conmigo “within” Miles Davis. Y a ese alguien le escribí algo, un intento de poesía… un suspiro largo… un beso infinito: (al menos trato de)
(Pa' Andorra, pequeña)
Un graffiti en el entrepierna de una virgen
a veces no es un graffiti del todo:
no pasan los autobuses,
no pasan las venas abiertas de un tecato,
los niños no corren a la escuela
y no hay automóviles familiares empujándote a los lados,
la gente no camina “cabizbaja”,
no pasa el viejo Pedrito vendiendo sus helados,
y es que la soledad y el silencio no se hacen ciudades.
Pero, de todas formas, a veces un graffiti en la entrepierna de una virgen
sí que es un graffiti:
llueve,
pasa ocasionalmente una mano húmeda,
las palabras construyen un mito ciego e irreverente,
se puebla de ecos el vacío dulce y amargo...
los niños no juegan, pero nacen.
Se construyen ciudades de colores:
un graffiti en la entrepierna de una virgen no necesita ciudad...
es pura poesía vertical.
(Pa' Andorra, pequeña)
Un graffiti en el entrepierna de una virgen
a veces no es un graffiti del todo:
no pasan los autobuses,
no pasan las venas abiertas de un tecato,
los niños no corren a la escuela
y no hay automóviles familiares empujándote a los lados,
la gente no camina “cabizbaja”,
no pasa el viejo Pedrito vendiendo sus helados,
y es que la soledad y el silencio no se hacen ciudades.
Pero, de todas formas, a veces un graffiti en la entrepierna de una virgen
sí que es un graffiti:
llueve,
pasa ocasionalmente una mano húmeda,
las palabras construyen un mito ciego e irreverente,
se puebla de ecos el vacío dulce y amargo...
los niños no juegan, pero nacen.
Se construyen ciudades de colores:
un graffiti en la entrepierna de una virgen no necesita ciudad...
es pura poesía vertical.
jueves, 6 de marzo de 2008
Lourdes Casal
(Para vós...)
Les cuento: ayer llegue a mi casa a eso de las 18h39, y me gusta poner el tiempo tomándolo de a veinticuatro horas porque me parece mas exacto y suelo tener serios problemas con él. Cuando llegue, todavía había luz afuera, la cual inoportunamente entraba por el sliding door que da a mi balcón; inoportuna porque siempre he preferido la imaginación de la penumbra; imaginación porque cuando esa sutil oscuridad invade las cosas uno, mas que cosas, se las imagina y todo de pronto parece mas lindo. No sé, pero a veces la oscuridad es como una metáfora de luminosidad si me entienden y valga el cliché. Pero bueno, lo que importa es que entre en ese momento y fui a prender la computadora, que esta contra la pared derecha si miras desde adentro hacia fuera a través del sliding door; la prendí. Ella en su escritorio se tomo su tiempo en sonreírme y hacerme sentir su felicidad de verme frente a ella con ese sonidito tan bonito que siempre hace. La toque: mis dedos presionando, sutiles, en sus teclas y la palabra deviniendo por pedazos, letra a letra, en el blanco papel. Papel en sentido figurado creo, porque literalmente no es un papel. Estaba escribiendo algo.
Después de escribir por un tiempo me dispuse a navegar un rato ese océano seguro, esa pequeña inmensidad no-sublime siempre a nuestra disposición: la jodida Internet, red, web… como quieran. La cuestión es que llegue hasta Lourdes Casal , una poeta cubana que me pareció extraordinaria, genial. ¿Cómo la conocí? Pues una vez lei su nombre en un conjunto de nombres en un lugar que no logro recordar, pero de todas maneras no viene al caso. La conocí y decidí compartir mi alegría de encontrarla, pues de alguna manera siempre la estuve buscando, con una amiga. Y pues le mande el link con una indicación de que leyera uno en especifico que me pareció muy hermoso: Columbia. Sorbona. (Primavera 1968). Yo recién los había leído cuando decidí sugerírselos a ella, así que le escribí una pequeña nota explicándole porque quería regalarle a Lourdes, o a ese pedacito de Lourdes. Y de pronto:
te quiero regalar esta poeta,
cubana,
que de repente apareció
y leí algunas cositas de ella
y me gusto mucho
y creo que solo te la regalo a ti
y no se lo digo a mas nadie
y creo también que va a ser mierda
y después me voy a emocionar con alguien
y se la voy a decir también
y ya no serás tu la única en el mundo que la conozcas
y no tendré que hacerte explicaciones cibernéticas de porque quiero regalarte un poema
y sabrás que solo te lo regalo porque me gusta
y porque quiero...
(supongo que se convirtió en un poema el email que se yo)...
Se llama Lourdes Casal.
Vamos, ni tan poético pero algo. Yo entonces pensé que sí era un poemita, así en diminutivo, casi inocente, infantil. Algo bonito, lindo, como una flor silvestre. Y pensé que la poesía era tan fácil, tan repentina; que surgía desprevenida… que las palabras inadvertidamente cobraban ese orden perfecto, ese sonido azul… realmente creí que todo era poesía. No me molestaba ya la luz entrando a través del sliding door, además se era menos la luz ahora: 19h15. Fue uno de esos pequeños momentos, orgasmos sin fluidos, cuando la vida te agarra el brazo y mete sus dedos bajo tu axila y te rasca: ríes incontrolablemente. Que se yo: un silencio. ¿Entienden?
Retomando un poco lo anterior, lo de que a Lourdes la encontré. Pues así es, creo que hace tiempo buscaba a Lourdes o mas bien a alguien que me dijera tácitamente que la vida es una puta. Una puta vieja a la cual en cierta manera nos imaginamos: entonces tuve una erección, pero de esas enormes, y quise con todo mi ser (si es que soy algo) tener sexo con alguien… con una puta. Quise, vulgarmente, chicharme la vida.
Pero no salí de casa a buscar una puta, porque en Río Piedras las putas fuman crack y tienen sida.
Les cuento: ayer llegue a mi casa a eso de las 18h39, y me gusta poner el tiempo tomándolo de a veinticuatro horas porque me parece mas exacto y suelo tener serios problemas con él. Cuando llegue, todavía había luz afuera, la cual inoportunamente entraba por el sliding door que da a mi balcón; inoportuna porque siempre he preferido la imaginación de la penumbra; imaginación porque cuando esa sutil oscuridad invade las cosas uno, mas que cosas, se las imagina y todo de pronto parece mas lindo. No sé, pero a veces la oscuridad es como una metáfora de luminosidad si me entienden y valga el cliché. Pero bueno, lo que importa es que entre en ese momento y fui a prender la computadora, que esta contra la pared derecha si miras desde adentro hacia fuera a través del sliding door; la prendí. Ella en su escritorio se tomo su tiempo en sonreírme y hacerme sentir su felicidad de verme frente a ella con ese sonidito tan bonito que siempre hace. La toque: mis dedos presionando, sutiles, en sus teclas y la palabra deviniendo por pedazos, letra a letra, en el blanco papel. Papel en sentido figurado creo, porque literalmente no es un papel. Estaba escribiendo algo.
Después de escribir por un tiempo me dispuse a navegar un rato ese océano seguro, esa pequeña inmensidad no-sublime siempre a nuestra disposición: la jodida Internet, red, web… como quieran. La cuestión es que llegue hasta Lourdes Casal , una poeta cubana que me pareció extraordinaria, genial. ¿Cómo la conocí? Pues una vez lei su nombre en un conjunto de nombres en un lugar que no logro recordar, pero de todas maneras no viene al caso. La conocí y decidí compartir mi alegría de encontrarla, pues de alguna manera siempre la estuve buscando, con una amiga. Y pues le mande el link con una indicación de que leyera uno en especifico que me pareció muy hermoso: Columbia. Sorbona. (Primavera 1968). Yo recién los había leído cuando decidí sugerírselos a ella, así que le escribí una pequeña nota explicándole porque quería regalarle a Lourdes, o a ese pedacito de Lourdes. Y de pronto:
te quiero regalar esta poeta,
cubana,
que de repente apareció
y leí algunas cositas de ella
y me gusto mucho
y creo que solo te la regalo a ti
y no se lo digo a mas nadie
y creo también que va a ser mierda
y después me voy a emocionar con alguien
y se la voy a decir también
y ya no serás tu la única en el mundo que la conozcas
y no tendré que hacerte explicaciones cibernéticas de porque quiero regalarte un poema
y sabrás que solo te lo regalo porque me gusta
y porque quiero...
(supongo que se convirtió en un poema el email que se yo)...
Se llama Lourdes Casal.
Vamos, ni tan poético pero algo. Yo entonces pensé que sí era un poemita, así en diminutivo, casi inocente, infantil. Algo bonito, lindo, como una flor silvestre. Y pensé que la poesía era tan fácil, tan repentina; que surgía desprevenida… que las palabras inadvertidamente cobraban ese orden perfecto, ese sonido azul… realmente creí que todo era poesía. No me molestaba ya la luz entrando a través del sliding door, además se era menos la luz ahora: 19h15. Fue uno de esos pequeños momentos, orgasmos sin fluidos, cuando la vida te agarra el brazo y mete sus dedos bajo tu axila y te rasca: ríes incontrolablemente. Que se yo: un silencio. ¿Entienden?
Retomando un poco lo anterior, lo de que a Lourdes la encontré. Pues así es, creo que hace tiempo buscaba a Lourdes o mas bien a alguien que me dijera tácitamente que la vida es una puta. Una puta vieja a la cual en cierta manera nos imaginamos: entonces tuve una erección, pero de esas enormes, y quise con todo mi ser (si es que soy algo) tener sexo con alguien… con una puta. Quise, vulgarmente, chicharme la vida.
Pero no salí de casa a buscar una puta, porque en Río Piedras las putas fuman crack y tienen sida.
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